Continuando con la historia, la ira de mi mamá se había desatado... yo no sabía responder a esa rabia, sólo sabía que debía escapar de ahi, no pensar más en eso, tener mi minuto de descanso.
Fuimos con la Dani al Gohan, llegando allá como ke me bajó más la pena y la rabia, me puse a llorar en el Gohan, no podía parar, toda la gente a mi alrededor se daba vuelta a mirarme, era todo un espectáculo. En ese momento no podia importarme menos lo que la gente pensara, viera o dijera, para mi era como que el tiempo se había detenido, como que estaba en un sueño o en una realidad paralela, no tenía conciencia de mi ser.
Luego nos volvimos a mi casa, el día siguiente era domingo, yo sólo supe despertarme a llorar nuevamente.
A la semana siguiente fue lo peor tener que volver a clases, hacer mi vida normal sabiendo que yo sólo quería tomarme unas pastillas y terminar con todo esto.
Es muy amargo el sentimiento que invade en momentos como estos, en que la vida pierde todo tipo de emoción y sentido, en que uno se siente tan perdido de la vida que sólo desearía poder dormir y no despertar en un buen tiempo, cuando ya la gente se olvide de preguntar por el esposo que alguna vez existió.
Así pasó esa semana, que en todo caso fue una semana en la cual repasé mil veces los motivos, las cosas, pensé tanto tanto que le encontré mil soluciones y explicaciones lógicas, culpables, momentos en que se pudieron haber arreglado las cosas, etc, etc, etc
Después al siguiente domingo yo fui a la iglesia, en ese finde estaba con la Pauli, ke me acompaño a Valdivia el día anterior a dejarle una carta a Rodrigo, y que si no fuera por la casualidad, no la hubiera recibido.
En la iglesia comencé a sentirme mejor, con altibajos pero comencé a sentirme mejor.
Comencé a tratar de entender para qué Dios quería que estuviera sucediendo esto para que yo cambiara la vida que estaba llevando, y también para que Rodrigo cambiara.
Pasaron como dos meses y yo visité a mi suegra en su casa, pensando primera que ella me recibiría enojada por haberle hecho daño a su hijo, sin embargo me recibió con el mayor de los cariños, diciéndome que ella creía que las cosas se solucionarían y haciéndome sentir mucho mejor.
Así han pasado los días, ya van 4 meses y casi un día desde que todo sucedió y aun siento un dolor terrible cuando pienso en todo lo que pasó.
Ya no busco culpables y trato de no pensar en situaciones que me hagan sentir peor, recordar el pasado, ni nada que me lleve a amargarme demasiado.
Debo reconocer que extraño mucho mi vida de antes con todas sus complicaciones. Extraño a mi familia política, extraño el campo, la casa de la tía, extraño muchas cosas, pero principalmente lo extraño a él. Pero Dios tiene preparado un futuro lleno de esperanza y aunque las personas se determinen en un plan, Dios es el que siempre tiene la última palabra, no los seres humanos, en eso me afirmo y me doy ánimo, aunque todo el mundo piense que estoy loca.
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